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Evangelio de Abril
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ABRIL 2021

1 abril 2021 - Jueves Santo. La Cena del Señor -
Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua Jesús sabía que había llegado la hora de que él dejaría este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin.
El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Jesús sabía que había venido de Dios, que iba a volver a Dios, y que el Padre le había dado toda autoridad; así que, mientras estaba cenando, se levantó de la mesa, se quitó la capa, se ató una toalla a la cintura. Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.
Cuando iba a lavarle los pies a Simón Pedro, este le dijo: -Señor ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Jesús le contestó: -Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás. Pedro le dijo: - ¡Jamás permitiré que me laves los pies! Respondió Jesús: -Si no te los lavo, no podrás ser de los míos.
Simón Pedro le dijo: - ¡Entonces, Señor, no me laves solamente los pies, sino también las manos y la cabeza! Pero Jesús le contestó: - El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está todo limpio. Y ustedes están todos limpios aunque no todos.
Dijo: “No están limpios todos”, porque sabía quién lo iba a traicionar. Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la capa, se sentó otra vez a la mesa y les dijo: -¿Entienden ustedes lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho.

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2 abril 2021 - VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR -
Jn 18, 1—19, 42
En aquel tiempo, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del arroyo Cedrón. Allí había un huerto donde Jesús entró con sus discípulos. También Judas, el que lo estaba traicionando, conocía el lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. Así que Judas llegó con una tropa de soldados y algunos guardianes del templo enviados por los jefes de los sacerdotes y por los fariseos. Estaban armados, y llevaban lámparas y antorchas. Pero como Jesús ya sabía todo lo que le iba a pasar, salió y les preguntó: - ¿A quién buscan? Ellos le contestaron: - A Jesús de Nazaret. Jesús dijo: -Yo soy. Judas, el que lo estaba traicionando, se encontraba allí con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Yo soy”, se echaron hacia atrás y cayeron al suelo. Jesús volvió a preguntarles: - ¿A quién buscan? Y ellos repitieron: - A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo otra vez: -Ya les he dicho que yo soy. Si me buscan a mí, dejen que estos otros se vayan.
Esto sucedió para que se cumpliera lo que Jesús mismo había dicho: “Padre, de los que me diste, no se perdió ninguno”. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó y le cortó la oreja derecha a uno llamado Malco, que era criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo a Pedro: - Vuelve a poner la espada en su lugar. Si el Padre me da a beber este trago amargo, ¿acaso no habré de beberlo?
Los soldados de la tropa, con su comandante y los guardianes judíos del templo, arrestaron a Jesús a Jesús a lo ataron. Lo llevaron primero a la casa de Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Este Caifás era el mismo que había dicho a los judíos que era mejor que un solo hombre muriera por el pueblo.
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, de modo que entró con Jesús en la casa; pero Pedro se quedó afuera, a la puerta. Por esto, el discípulo conocido del sumo sacerdote salió y habló con la portera, e hizo entrar a Pedro. La portea le preguntó a Pedro: - ¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre? Pedro contestó: - No, no lo soy. Como hacía frío, los criados y los guardianes del templo habían hecho fuego, y estaban allí calentándose. Pedro también estaba con ellos, calentándose junto al fuego.
El sumo sacerdote comenzó a preguntarle a Jesús acerca de sus discípulos y de lo que él enseñaba. Jesús le dijo: - Yo he hablado públicamente delante de todo el mundo; siempre he enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos; así que no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que me han escuchado, y que ellos digan de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho.
Cuando Jesús dijo esto, uno de lo guardianes del templo le dio una bofetada, diciéndole: - ¿Así contestas al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que dicho está bien, ¿por qué me pegas? Entonces Anás lo envío, atado a Caífas, el sumo sacerdote.
Entre tanto, Pedro seguía allí, calentándose junto al fuego. Le preguntaron: - ¿No eres tú uno de los discípulos de ese hombre? Pedro lo negó, diciendo: - No, no lo soy.
Luego le preguntaron uno de los criados del sumo sacerdote, pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja: - ¿No te vi con él en el huerto? Pedro lo negó otra vez, y en ese mismo instante cantó el gallo.
Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Como ya comenzaba a amanecer, los judíos no entraron en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual y entonces no podrían comer la cena de Pascua. Por eso Pilato salió a hablarles. Les dijo: - ¿De qué acusan a este hombre? - si no fuera un criminal – le contestaron -, no te lo habríamos entregado.
Pilato les dijo: - Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley. Pero las autoridades judías contestaron: -Los judíos no tenemos el derecho de dar muerte a nadie.
Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir. Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: -¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús le dijo: - ¿Eso lo preguntas tú por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí?
Le contestó Pilato: -¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son lo que te han entregado a mí ¿Qué has hecho?
Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí. 
Le preguntó entonces Pilato: - ¿Así que tú eres rey? Jesús le contestó: -Tú lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la verdad. Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan. 
Pilato le dijo: -¿Y qué es la verdad?
Después de hacer esta pregunta, Pilato salió otra vez a hablar con los judíos, y les dijo: -Yo no encuentro ningún delito en este hombre. Pero ustedes tienen la costumbre de que yo les suelte un preso durante la fiesta de la Pascua: ¿quieren que les deje libre al Rey de los judíos?
Todos volvieron a gritar: - ¡A ése no! ¡Suelta a Barrabás! Y Barrabás era un bandido.
Pilato tomó entonces a Jesús y mandó a azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro. Luego se acercaron a él diciendo: ¡Viva el Rey de los judíos! Y le pegaban en la cara. Pilato volvió a salir, y les dijo: -Miren, aquí lo traigo, para que se den cuenta de que no encuentro en él ningún delito. Salió, pues, Jesús, con la corona de espinas en la cabeza y vestido con aquella capa de color rojo oscuro. Pilato dijo: - ¡Ahí tienen a este hombre!
Cuando lo vieron los jefes de los sacerdotes y los guardianes del templo, comenzaron a gritar: -¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Pilato les dijo: - Pues llévenselo y crucifíquenlo ustedes,, porque yo no encuentro ningún delito en él.
Las autoridades judías le contestaron: -Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se a hecho pasar por Hijo de Dios.
Al oír esto, Pilato tuvo más miedo todavía. Entró de nuevo en el palacio y le preguntó a Jesús: - ¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le contestó nada. Pilato le dijo: -¿Es que no me vas contestar? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, lo mismo que para ponerte en libertad?
Entonces Jesús le contesto: -No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido; por eso, el que me entregó a ti es culpable de pecado que tú.
Desde aquel momento, Pilato buscaba la manera de dejar libre a Jesús; pero los judíos le gritaron: - ¡Si lo dejas libre, no eres amigo del emperador! ¡Cualquiera que se hace rey, es enemigo del emperador!
Pilato, al oír esto, sacó a Jesús, y luego se sentó en el tribunal, en el lugar que en hebreo se llamaba Gabatá, que quiere decir El Empedrado. Era el día antes de la Pascua, como al mediodía. Pilato dijo a los judíos: -¡Ahí tienes a su rey!
Pero ellos gritaron: - ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!
Pilato les preguntó: -¿Acaso voy a crucificar a su rey?
Y los jefes de los sacerdotes le contestaron: - ¡Nosotros no tenemos más rey que el emperador!
Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.
Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado “Lugar de la Calavera” (que en hebreo se llama Gólgota). Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, quedando Jesús en el medio. Pilato escribió un letrero que decía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, y lo mandó poner sobre la cruz. Muchos judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego. Por eso, los jefes de los sacerdotes judíos dijeron a Pilato: - No escribas “Rey de los judíos”, sino escribe: “El que dice ser Rey de lo judíos”.
Pero Pilato le contesto: - Lo que he escrito, escrito lo dejo.
Después que los soldados crucificaron a Jesús, recogieron su ropa y la repartieron en cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también la túnica, pero como era sin costura, tejida de arriba abajo de una sola pieza, los soldados se dijeron unos a otros: -No la rompamos, sino echémosla a suertes, a ver a quien le toca.
Así se cumplió la escritura que dice: “Se repartieron entre sí mi ropa, y echaron a suertes mi túnica.” Esto fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, dijo a su madre: - Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego le dijo al discípulo: - Ahí tienes a tu madre. Desde entonces, ese discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, como Jesús sabía que ya todo se había cumplido, y para que se cumpliera la Escritura, dijo: - Tengo sed. Había allí un vaso de vino agrio. Empaparon una esponja en el vino, la ataron a una rama de hisopo y se la aceraron a la boca. Jesús bebió el vino agrio, y dijo: - Todo está cumplido.
Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
Era el día antes de la Pascua, y los judíos no querían que los cuerpos quedaran en las cruces durante el sábado, pues precisamente aquel sábado era muy solemne. Por eso le pidieron a Pilato que ordenara quebrar las piernas a los crucificados y que quitaran de allí los cuerpos. Los soldados fueron entonces y le quebraron las piernas al primero, y también al otro que estaba crucificado junto a Jesús. Pero al acercarse a Jesús, vieron que ya estaba muerto. Por eso no le quebraron las piernas. Sin embargo, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al momento salió sangre y agua. El que cuenta esto es uno que lo vio, y dice la verdad; él sabe que dice la verdad, para que ustedes también crean. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ningún hueso.” Y en otra parte, la Escritura dice: “Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José, el de Arimatea, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a las autoridades judías. Pilato le dio permiso, y José fue y se llevó el cuerpo. También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de un perfume, mezcla de mirra y áloe. Así pues, José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según la costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos. En el lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no habían puesto a nadie. Allí pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y porque ya iba a empezar el sábado de los judíos.

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3 abril 2021 - Sábado Santo. VIGILIA PASCUAL -
Mt 16, 1-8
Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron perfume para perfumar el cuerpo de Jesús. Y el primer día de la semana fueron al sepulcro muy temprano, apenas salido el sol, diciéndose unas a otras: - ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro? Pero, al mirar, vieron que la piedra ya no estaba en su lugar. Esta piedra era muy grande. Cuando entraron en el sepulcro vieron, sentado al lado derecho, a un joven vestido con una larga ropa blanca. Las mujeres se asustaron, pero él les dijo: -No se asusten. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. Ha resucitado; no está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron. Vayan y digan a sus discípulos, y a Pedro: “El va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán, tal como les dijo”. Entonces las mujeres salieron huyendo del sepulcro, pues estaban temblando, asustadas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

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4 abril 2021 -DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR -
Jn 20, 1-9
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro; y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Entonces se fue corriendo a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús quería mucho, y les dijo: -¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!
Pedro y el otro discípulo salieron corriendo y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos; pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó a mirar, y vio allí las vendas, pero no entró. Detrás de él llegó Pedro, entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas; y además vio que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó. Pues todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar.

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5 abril 2021 - Lunes de la octava de Pascua -
Mt 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se fueron rápidamente del sepulcro, con miedo y mucha alegría a la vez, corrieron a llevar la noticia a los discípulos. En eso, Jesús se presentó ante ellas y las saludó. Ellas se acercaron a Jesús y los adoraron, abrazándole los pies, y él les dijo: -No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán.
Mientras iban las mujeres, algunos soldados de la guardia llegaron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. Estos jefes fueron a hablar con los ancianos, para ponerse de acuerdo con ellos. Y dieron mucho dinero a los soldados, a quienes advirtieron: -Ustedes digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, los discípulos de Jesús vinieron y robaron el cuerpo. Y si el gobernador se entera de esto, nosotros lo convenceremos, y a ustedes les evitaremos dificultades.
Los soldados recibieron el dinero e hicieron lo que se les había dicho. Y ésta es la explicación que hasta el día de hoy circula entre los judíos.

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6 abril 2021 - Martes de la octava de Pascua -
Jn 20, 11-18
En aquel tiempo, afuera, junto al sepulcro, estaba María llorando. Y llorando como estaba, se agachó para mirar dentro, y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús; uno a la cabecera y otro a los pies. Los ángeles le preguntaron: -Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les dijo: -Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.
Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. Jesús le preguntó: -Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: -Señor, si usted se lo ha llevado, dígame donde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.
Jesús entonces le dijo: -¡María! Ella se volvió y le dijo en hebreo: -¡Rabuni! (que quiere decir: “Maestro”).
Jesús le dijo: -No me retengas, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes.
Entonces María Magdalena fue y contó a los discípulos que había visto al Señor, y también les contó lo que él le había dicho.

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7 abril 2021 - Miércoles de la octava de Pascua -
Lc 24, 13-35
En aquel tiempo, dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era, Jesús les preguntó: -¿De qué van hablando ustedes por el camino? 
Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: -¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí estos días?
Él les preguntó: -¿Qué ha pasado? Le dijeron: -Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso. Aunque algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro, y como no encontraron el cuerpo, volvieron, a casa. Y cuentan que unos ángeles se les han aparecido y les han dicho que Jesús vive. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como las mujeres habían dicho, pero a Jesús no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo: -¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante. Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo: -Quédate con nosotros, porque ya es tarde. Se está haciendo de noche.
Jesús entró, pues, para quedarse con ellos. Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció. Y se dijeron el uno al otro: -¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar más, se pusieron en camino y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a sus compañeros, que les dijeron: -De veras ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón.
Entonces ellos dos les contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús cuando partió el pan.

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8 abril 2021- Jueves de la octava de Pascua -
Lc 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan.
Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo: -Paz a ustedes.
Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu.
Pero Jesús les dijo: -¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo.
Al decirles esto, les enseñó las manos y pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: -¿Tienen aquí algo que comer?
Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo aceptó y lo comió en su presencia. Luego les dijo: -Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes: que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.
Entonces hizo que entendieran las Escrituras, y les dijo: -Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día, y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén, ustedes deben da testimonio de estas cosas.

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9 abril 2021 - Viernes de la octava de Pascua -
Jn 21, 1-14
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberias. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo: -Voy a pescar.
Ellos contestaron: -Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les preguntó: -Muchachos, ¿no tienen pescado?
Ellos le contestaron: -No. Jesús les dijo: -Echen la red a la derecha de la barca, y pescaran.
Así lo hicieron, y después no podían sacar la red por los muchos pescados que tenía. Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro: -¡Es el Señor!
A penas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues, estaban a cien metros escasos de la orilla. Al bajar a tierra, encontraron un fuego encendido, con una pescado encima, y pan. Jesús les dijo: -Traigan algunos pescados de los que acaban de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes pescados, ciento cincuenta y tres; y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: -Vengan a desayunarse.
Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Luego Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio a ellos; y lo mismo hizo con el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

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10 abril 2021 - Sábado de la octava de Pascua -
Mc 16, 9-15
Después que Jesús hubo resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue y avisó a los que habían andado con Jesús, que estaban tristes y llorando. Estos, al oír que Jesús vivía y que ella lo había visto, no lo creyeron.
Después de esto, Jesús se apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando hacia el campo. Éstos fueron y avisaron a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Más tarde, Jesús se apareció a los once discípulos, mientras ellos estaban sentados a la mesa. Los reprendió por su falta de fe y su terquedad, ya que no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena noticia”.

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11 abril 2021 - 2º Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia -
Jn 20, 19-31
En aquel tiempo, al llegar la noche del primer día de la semana, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: -¡Paz a ustedes!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús les dijo otra vez: -¡Paz a ustedes! Como el Padre me envío a mí, así yo los envío a ustedes. Y sopló sobre ellos, les dijo: -Reciban el Espíritu Santo. A quienes ustedes perdonen los pecados les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.
Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después los otros discípulos le dijeron: -Hemos visto al Señor.
Pero Tomás les contestó: -Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mis dedos en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer.
Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo: -¡Paz a ustedes!
Luego dijo a Tomás: -Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree!
Tomás entonces exclamó: -¡Mi Señor y mi Dios! Jesús le dijo: -¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!
Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

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12 abril 2021
Jn 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, que era un hombre importante entre los judíos. Éste fue de noche a visitar a Jesús, y le dijo: -Maestro, sabemos que Dios te ha enviado a enseñarnos, porque nadie podría hacer los milagros  que tú haces, si Dios no estuviera con él.
Jesús le dijo: -Te aseguro  que el que no nace de nuevo, no puedo ver el reino de Dios.
Nicodemo le preguntó: -¿Y cómo puede uno nacer cuando es viejo? ¿Acaso podrá entrar otra vez dentro de su madre, para volver a nacer?
Jesús le contestó: -Te aseguro que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de padres humanos, es humano; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te diga: “Todos tienen que nacer de nuevo.” El viento sopla por donde quiere, y  aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu.

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13 abril 2021
Jn 3, 7b-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo:-“Todos tienen que nacer de nuevo.” El viento sopla por donde quiere, y  aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu.
Nicodemo volvió a preguntarle: -¿Cómo puede ser esto?
Jesús le contesto: ¿Tú, que eres el maestro de Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen cuando les hablo de las cosas de este mundo, ¿cómo me van a creer si les hablo de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que  bajó del cielo;  es decir, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

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14 abril 2021
Jn 3, 16-21
Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios. Los que no creen, ya han sido condenados, pues como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo prefirieron la oscuridad a la luz. Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo. Pero los que viven  de acuerdo con la verdad, se acercan a la luz para que se vea que todo lo hacen  de acuerdo con la voluntad de Dios.

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15 abril 2021
Jn 3, 31-36
El que viene de arriba está sobre todos. El que es de la tierra es terrenal, y habla de las cosas de la tierra. Pero el que viene del cielo está sobre todos, y da testimonio de lo que ha visto y oído; pero nadie acepta su testimonio. Pero si alguien lo acepta, confirma con ello que Dios dice la verdad; pues el que ha sido enviado por Dios, habla las palabras de Dios, porque Dios da abundantemente su Espíritu. El Padre ama al Hijo, y le ha dado poder sobre todas las cosas. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; pero el que no quiere creer en el Hijo, no tendrá esa vida, sino que recibirá el terrible castigo de Dios.

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16 abril 2021
Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo lago de Tiberias. Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó con sus discípulos. Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe: -¿Dónde vamos a comprar pan para toda esta gente? Pero lo dijo por ver que contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió: -Ni siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente para que cada uno recibiera un poco.
Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo: -Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente? Jesús respondió: -Díganles a todos que se sienten.
Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían. Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: -Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.
Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía: -De veras éste es el profeta que había de venir al mundo.
Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo.

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17 abril 2021 - Nuestra Señora del Valle de Catamarca -
Jn 6, 16-21
En aquel tiempo, al llegar la noche, los discípulos de Jesús bajaron al lago, subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago para llegar a Cafarnaúm. Ya estaba completamente oscuro, y Jesús no había regresado todavía. En esto, el lago se alborotó a causa de un fuerte viento que se había levantado. Cuando ya habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús, que se acercaba a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: ¡Soy yo, no tengan miedo!
Con gusto lo recibieron en la barca, y en un momento llegaron a la tierra adonde iban.

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18 abril 2021 - 3º Domingo de Pascua -
Lc 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan.
Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo: -Paz a ustedes.
Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu.
Pero Jesús les dijo: -¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo.
Al decirles esto, les enseñó las manos y pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: -¿Tienen aquí algo que comer?
Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo aceptó y lo comió en su presencia. Luego les dijo: -Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes: que había de cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.
Entonces hizo que entendieran las Escrituras, y les dijo: -Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día, y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén, ustedes deben da testimonio de estas cosas.

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19 abril 2021
Jn 6, 22-29
En aquel tiempo, la gente que estaba al otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos se habían ido en la única barca que allí había, y que Jesús no iba con ellos. Mientras tanto, otras barcas llegaron de la ciudad de Tiberias a un lugar cerca de donde habían comido el pan después que el Señor dio gracias. Así que, al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió también a las barcas y se dirigió a Cafarnaúm, a buscarlo.
Al llegar ellos al otro lado del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo viniste acá?
Jesús les dijo: -Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque han entendido las señales milagrosas. No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna.  Ésta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.
Le preguntaron: -¿Que debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos? Jesús les contestó: -La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.

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20 abril 2021
Jn 6, 30-35
En aquel tiempo, le preguntaron a Jesús: -¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio a comer pan del cielo”.
Jesús les contestó: -Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo, sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
Ellos le pidieron: -Señor, danos siempre ese pan.
Y Jesús les dijo: -Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí nunca tendrá sed.

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21 abril 2021
Jn 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí nunca tendrá sed.
Pero como ya les dije, ustedes no creen aunque me han visto. Todos los que el Padre me da, vienen a mí; y a los que vienen a mí, no los echaré fuera. Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día último. Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último.

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22 abril 2021
Jn 6, 44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré en el día último. En los libros de los profetas se dice: “Dios instruirá a todos” Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él vienen a mí. «No es que alguno haya visto al Padre; el único que lo ha visto es el que procede de Dios. Les aseguro que quien cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan que da vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y a pesar de ellos murieron; pero yo hablo del pan que baja del cielo; quien come de él no muere. Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo;  el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo.»

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23 abril 2021
Jn 6, 51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo;  el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo.»
Los judíos se pusieron a discutir unos con otros: -¿Cómo puede éste darnos a comer su propia carne?
Jesús les dijo: -Les aseguro que si ustedes no comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive unido a mi, y yo vivo unido a él. El padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él; de la misma manera, el que se alimenta de mí, vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron los antepasados de ustedes, que a pesar de haberlo comido murieron; el que come de este pan, vivirá para siempre.
Jesús enseñó estas cosas en la sinagoga de Cafarnaúm.

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24 abril 2021
Jn 6, 60-69
En aquel tiempo, al oír las enseñanzas de Jesús, muchos de los que seguían a Jesús dijeron: -Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿quién puede hacerle caso?
Jesús, dándose cuenta de lo que estaban murmurando, les preguntó: -¿Esto les ofende? ¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba? El espíritu es el que da vida; lo carnal no sirve para nada. Y las cosas que yo les he dicho son espíritu y vida. Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen.
Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar. Y añadió: -Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces, muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron, y ya no andaba con él. Jesús les preguntó a los doce discípulos: -¿También ustedes quieren irse?
Simón Pedro le contestó: -Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

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25 abril 2021 - San Marcos Evangelista - 4º Domingo de Pascua -
Jn 10, 11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas las direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga y no las ovejas.
Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y formarán un dolo rebaño con un solo pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad.»

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26 abril 2021
Jn 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. En cambio, a un desconocido no lo siguen, sino que huyen de él porque desconocen su voz».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.
Jesús volvió a decirles: «Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y unos bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre, se salvará. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos. El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.»

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27 abril 2021 - Santo Toribio de Mogrovejo -
Mt 9, 35-38
Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino, y curaba toda clase de enfermedades y dolencias. Al ver a la gente, sintió compasión de ellos,  porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Dijo entonces a sus discípulos: -Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla.

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28 abril 2021
Jn 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús dijo con voz fuerte: “El que cree en mí, no cree solamente en mí, sino también en el Padre, que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado. Yo, que soy la luz, he venido al mundo para que los que creen en mí no se queden en la oscuridad. Pero aquel que oye mis palabras y no las obedece, no soy yo quien lo condena; porque yo no vine para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que me desprecia y no hace caso de mis palabras, ya tiene quien lo condene: las palabras que yo he dicho lo condenarán en el día último. Porque yo no hablo por mi cuenta; el Padre, que me ha enviado, me ha ordenado lo que debo decir y enseñar. Y sé que el mandato de mi Padre es para vida eterna. Así pues, lo que yo digo, lo digo como el Padre me ha ordenado.”

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29 abril 2021
Jn 13, 16-20
Cuando Jesús acabó de lavarles los pies a sus discípulos, les dijo: -Les aseguro que ningún servidor es más que su señor, y que ningún enviado es más que el que lo envía. Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.
No estoy hablando de todos ustedes; yo sé quiénes son los que he escogido. Pero tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: “El que come conmigo, se ha vuelto contra mí.” Les digo esto de antemano para que, cuando suceda, ustedes crean que Yo Soy. Les aseguro que el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

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30 abril 2021
Jn 14, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No se angustien ustedes. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de irme y prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar. Ustedes saben el camino que lleva a donde yo voy."
Tomás le dijo a Jesús: -Señor no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús le contestó: -Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.

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Todos los textos de los evangelios son tomados de "La Biblia. Palabra de Dios", Editorial Paulinas.
 
 
 
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